¿Por qué nos gusta tanto caminar descalzos?
Cuando llegamos a la sala de Psicomotricidad, hacemos un pequeño ritual antes de empezar: nos quitamos los zapatos y los calcetines. Para los peques ya forma parte de la rutina, pero detrás de este gesto hay mucho más que comodidad. En realidad, conocemos bien los beneficios de caminar descalzos para su desarrollo.






Esta práctica nos permite sentir el suelo y descubrir nuestro cuerpo de una manera diferente. No es lo mismo caminar con calzado que notar si el suelo está frío, liso o rugoso. Tampoco es igual sentir si debemos apoyar el talón o la punta del pie para mantener el equilibrio en superficies distintas.
En nuestras sesiones aprovechamos estas sensaciones para que los niños experimenten con libertad. Caminamos, saltamos, gateamos, trepamos, nos arrastramos y nos ponemos de puntillas. Cada uno de estos movimientos les ayuda a comprender mejor cómo funciona su cuerpo y todo lo que son capaces de hacer.
Además, los pies cumplen un papel fundamental en el equilibrio y la postura. Al estar en contacto directo con el suelo, reciben información continua que ayuda a ajustar los movimientos. Por esta razón, aprovechar los beneficios de caminar descalzos favorece la coordinación y la conciencia corporal.
Pero hay algo que para nosotros resulta todavía más importante: darles la oportunidad de experimentar. En la sala no buscamos que todos hagan lo mismo ni que recorran el mismo camino. Queremos que prueben, se equivoquen, vuelvan a intentarlo y descubran poco a poco qué pueden hacer.
Por eso, cuando nos quitamos los zapatos al entrar en Psicomotricidad, no estamos simplemente preparándonos para la sesión. Estamos dejando atrás las prisas y empezando a sentir, explorar y aprender con todo nuestro cuerpo. Así, comprobar los beneficios de caminar descalzos convierte cada jornada en un aprendizaje vivencial.
Y sí, alguna vez salimos con los pies un poquito sucios, pero también con un montón de experiencias nuevas. ¿Te animas a quitártelos en casa también?





